15 septiembre 2015

¿Por qué alejamos a los niños de la muerte?

Por: Lic. Maria del Rosario Franco Ruiz




Hoy en día al niño se le aleja lo más posible de la presencia real de la muerte. Por un lado, procuramos que “sepa” lo menos posible, así que, si pregunta, es posible que cambiemos de conversación, el tema o respondamos de forma evasiva.

Erróneamente se cree que los niños no viven un periodo de duelo. Esto se debe a su poca capacidad y corto lapso de concentración en una actividad, es decir, pasan del llanto al juego de manera rápida.

Los niños no dejan de ser niños por muy difíciles que sean los momentos por los que estén pasando, pese al dolor, tristeza y poca comprensión de lo sucedido, no pierden su inocencia y, aunque extrañan a su ser querido y lloran, también se dan la oportunidad de jugar y seguir sonriendo.

Asimismo, si en el entorno familiar tiene lugar una muerte, normalmente tratamos de alejarlo de esta experiencia cuanto sea posible: se le aparta, se le lleva a casa de algún amigo o vecino para que esté distraído, se procura no hablar, ni llorar, ni “sentir” delante de él con la firme convicción de que lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es evitarles el dolor y el sufrimiento que la muerte de nuestros seres queridos provoca. Pero, ¿por qué este empeño en alejar a nuestros hijos, a nuestros alumnos, a los niños, de la realidad de la muerte? Esta pregunta tiene varias respuestas: